
En algún momento de nuestras vidas seguramente decidiremos ponerle fin a alguna situación que parecerá persistir sin importar nuestros intentos de cambio, hasta un punto tal que quizás nos empecemos a preguntar si verdaderamente existe la posibilidad de algo diferente.
Nuestras acciones tienen múltiples efectos en gran cantidad de personas y eso es algo que generalmente no logramos ver con total dimensión; la "onda expansiva" de nuestros actos es muy poderosa y en su gran mayoría silenciosa, lo cual nos lleva a perder de vista la totalidad de eventos que desencadenará.
Accionar en contra de nuestra felicidad es comparable con la siguiente situación: subimos a un colectivo para llegar a otra ciudad y en cierto punto del trayecto nos damos cuenta de que es el micro equivocado porque tomó un puente para cruzar un río. Esto nos genera automáticamente la intención de bajarnos y montarnos a otro hacia un destino diferente, pero luego nos damos cuenta de que en medio de ese puente el colectivo
no puede parar, así que por más que lo deseamos tenemos que esperar a llegar al otro lado. Ya en la próxima bajada podremos descender y tener nuevamente la opción de tomar otro hacia un rumbo diferente.
Cuando actuamos sistemáticamente contra nosotros mismos, es decir, cuando no le hacemos caso a nuestra guía interna, con el tiempo seguramente nos encontraremos en una situación de este tipo, la cual querremos detener y no podremos hacerlo de forma inmediata. Salir de esos estados demanda mucha tranquilidad y paciencia, y se logra de la misma manera que al entrar: generando una nueva realidad poco a poco. Es muy importante entender que esas experiencias de vida no nos tocan porque sí, sino que son consecuencia lógica de las decisiones del pasado que repercuten en el hoy.
Lo que debemos conservar por todos los medios es la sensación interna de tener el poder para cambiar nuestro destino, ya que por momentos nos sentiremos atrapados e impotentes en ese colectivo que parece no detenerse nunca; pero tarde o temprano lo hará y ahí tendremos la oportunidad de reformular nuestras decisiones basados en lo que tuvimos que vivir previamente.
Que ese largo viaje de mirar por la ventanilla nos sirva para que cuando sea el momento adecuado actuemos con sabiduría, esta vez sí, en favor de nuestras necesidades más esenciales.
Imagen: Elsie esq.